El futuro de los envases para la alimentación pasa por ofrecer alternativas naturales y compostables que cumplan con las demandas del sector de la alimentación y las exigencias cada vez más altas de los consumidores. Las ventajas son múltiples y los objetivos del mercado son aún más claros:

  • Sostenibilidad
  • Seguridad alimentaria
  • Reducir el desperdicio alimentario

La sostenibilidad es una característica cada vez más crítica a la hora de escoger el envase o embalaje de los productos. En ciertos países está siendo una cualidad indispensable para comercializar los productos de las marcas más emblemáticas y ya no podríamos concebir lo contrario. En estos países la concienciación ecológica ya no es una tendencia de mercado sino algo innegociable en la sensibilidad del consumidor generalmente porque la incidencia de la necesidad de cuidar nuestro entorno ya lleva más de una generación de ventaja a las demás economías o mercados menos sensibles.

En el sector de la alimentación obviamente se exige que los envases sean aptos para el contacto alimentario, aunque sorprendentemente esta exigencia se torna laxa de alguna manera cuando se trata de congelar o calentar en el mismo envase. Existen en el mercado múltiples opciones que cumplen las normativas más exigentes a la hora de entrar en contacto con el alimento que los consumidores llevarán a sus casas o son empleados en los colegios de sus hijos, no obstante estos mismos materiales se tornan tóxicos en ciertas condiciones especialmente ante temperaturas elevadas. Paulatinamente esto está siendo regulado en algunos países o regiones, pero de nuevo nos encontramos con sensibilidades menos categóricas que curiosamente suele ir en concordancia con esos mercados con menor concienciación ante la sostenibilidad.

Por último y no menos importante, la población sigue creciendo y ocupando territorios cada vez más remotos siendo ambas cuestiones un verdadero reto para aquellos que quieran hacer llegar los alimentos más variados a todas las esquinas del planeta. Ese alimento tiene que mantener todas sus propiedades durante más tiempo: desde su elaboración y envasado hasta el consumo. Las cadenas de producción exigen mayores productividades para ser más competitivas y eso conlleva la elaboración de alimentos en volúmenes más altos y que aguanten más tiempo durante el tránsito de la cadena de suministro. Esto hace que la comida no se desperdicie tanto y deba aguantar muchos días en la balda del supermercado hasta que el consumidor se decida por consumirlo. Este factor exige a los envases que protejan más y mejor al alimento contenido, bien ofreciendo barrera oxígeno o gas, en los casos de envasados en atmósferas modificadas (MAP).

Ahora bien, la pregunta más crítica en estos momentos en el sector alimentario es: ¿existen alternativas de envases que ofrezcan todas estas ventajas a la vez?

Afortunadamente sí. En OWP tenemos la solución a este dilema. Nuestras bandejas de celulosa termoconformada dan respuesta a las necesidades de sostenibilidad (materia prima vegetal), ofrecen excelentes prestaciones para el contacto alimentario en un rango amplísimo de temperaturas y ayudan a reducir el desperdicio alimentario. Además de estas ventajas, tienen otras como: la compostabilidad certificada, alto aislamiento térmico previniendo quemaduras tras hornear, no es necesario la segración de los desperdicios entre envase y contenido, rigidez en todas las situaciones térmicas, sellabilidad a bajas temperaturas y más cualidades que estamos invitando al mercado a conocer

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos requeridos están marcados *

Publicar comentario